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MÚSICA

En Judo Mental la música adquiere un carácter fundamental, sin ella no se puede alcanzar la perfecta motivación, concentración y atención del yudoca, y sin estas actitudes no se pueden alcanzar los objetivos propuestos.

Los seres humanos han hecho música a lo largo de toda la historia, bien para las celebraciones de algún acontecimiento importante, bien para señalar ritos. Desde el principio de los tiempos, la humanidad ha tenido la oportunidad de percibir el poder de la vibración, el ritmo y el sonido.  En las culturas china y egipcia se consideraba la música como un elemento fundamental que reflejaba los principios rectores del Universo (Campbell, 2001).

La música, llegando al cerebro humano a través del oído interactúa a nivel orgánico con una gran variedad de estructuras neuronales. En este sentido, el doctor Jamshed Bharucha, citado por Campbell, 2001, sugiere que la creación de música organizada es una consecuencia inevitable del desarrollo del cerebro. En un experimento que realizó con un modelo de cerebro de ordenador, pudo comprobar que al escuchar música se crean capas de células organizadas: la capa de células responsable de reconocer notas musicales individuales señaló otra capa cuyas células aprendieron a reconocer acordes y ésta, señaló una tercera capa de células que aprendieron a reconocer grupos de acordes.   

Tomatis, (1991), especialista en problemas de audición, sostiene que la escucha tiene una fascinante relación con una gran cantidad de habilidades como el equilibrio, la postura, la percepción, la memoria, la capacidad lingüística y la expresividad, entre otras; de este modo, gracias al oído el hombre es capaz de pensar y expresarse. Por lo cual, las dificultades emocionales deben tratarse a través de la audición. Investigando con  personas con discapacidad intelectual, comprendió que las diferentes frecuencias y ritmos de sonidos tenían efectos, significativamente diferentes, en su estado anímico; los estímulos de alta frecuencia ofrecían los mejores resultados, aumentando el grado de energía y generando tranquilidad.

Así, la música produce emociones y acciones. La música activa estructuras cerebrales que rigen el sistema motor; a través de las neuronas del sistema auditivo, excita a las neuronas motoras con las que están conectadas. En personas con esquizofrenias les ayuda al control cognitivo. En depresiones ayuda a reorganizar pensamientos y sensaciones. En afasias ayuda a recuperar el habla. Thaut (2007).

¿Por qué Mozart y no otro autor de música clásica? Según Tomatis (1991), la música debe ser estudiada en relación directa con el sistema nervioso, porque indiscutiblemente sale de un sistema nervioso hacia otro; donde el primero actúa como emisor y el segundo se comporta con  receptor. El sistema nervioso recibe el mensaje musical, a través del oído y se encarga de distribuirlo más o menos armoniosamente en el conjunto del cuerpo. En este sentido el instrumento que mejor dominó Mozart fue el cuerpo humano. Tomatis, médico francés, ha hecho pruebas a más de 100.000 clientes en sus Centros de Escucha (Listening Centers) de todo el mundo para detectar discapacidades de escucha, vocales y auditivas, así como trastornos en el aprendizaje. Desde su casa principal en París ha trabajado con muchísimas personas, entre ellas músicos profesionales, niños con discapacidades intelectuales y de aprendizaje, y personas con lesiones graves en la cabeza. Su visión global del oído establece nuevos modelos para la educación, curación y rehabilitación.

La música de Mozart con respecto a la de otros músicos posee unas propiedades muy particulares que la diferencian: los ritmos, las melodías, la métrica, el tono, el timbre y las frecuencias de su música  logran estimular el cerebro humano, especialmente en aquellas  zonas relacionadas con  el hemisferio derecho (función espacio-temporal), (Campbell, 2001). Bach teje un tapiz de sonidos, impresionante, en su composiciones para órgano; Beethoven levanta oleadas de emociones, ya que en su música, esencialmente romántica, se evidencia su revolución de las formas y su excelencia posesión de todos los elementos que constituyen la esencia del arte musical; Chaikovski combina a la perfección la más fina delicadeza con la más potente sonoridad, la gracia y el colorismo exteriores con el buceo más profundo en la intimidad del espíritu humano; la armonía que Debussy ha dado a sus composiciones nos transportan a un estado de relajación del cuerpo humano; pero los sonidos de las melodías de Mozart son simples y puros, no contiene astucia, su música es cristalina, sugestiva, llena de poderoso encanto y de honda expresividad, envuelta en las galas de una sencillez aparente y de una refinada y aristocrática discreción.

 Todo individuo con discapacidad intelectual  o sin discapacidad, tiene la necesidad de encontrar una armonía en todos los niveles: corporal y psíquico. Esta armonía corporal y psíquica supone una coordinación homogénea, equilibrada y estética. Y es en este plano donde encontramos el pleno sentido del efecto terapéutico de la música de Mozart.

Estos dos integradores neuronales (vestibular y coclear) son solicitados permanentemente por la música de Mozart, ya que en una orquestación magistral, como lo son todas sus composiciones, intervienen para optimizar la poderosa creatividad del hombre y darle toda la energía que necesita para estar plenamente consciente.

La música de Mozart, ha hecho aportes muy significativos, en lo relacionado con la estimulación de la interioridad humana, más que con el cuerpo físico; es decir, produce estados de distensión neuronal propicios para la creatividad. El efecto Mozart se produce debido a los ritmos, melodías y frecuencias altas de su música, siendo sonidos altamente armónicos que metafóricamente actúan como un relato o un cuento de hadas, estimulando  tanto el neo-córtex, como el sistema límbico; permitiendo de esta forma que la persona que escucha la música vibre de una forma cognitiva y emotiva. La música  en este sentido desemboca en el  campo de “la acción”; porque las  emociones no son  sentimientos, sino que son “impulsos”  o programas instantáneos para enfrentarnos a la vida. Entonces se puede plantear que  la música no sólo activa las redes neuronales, sino que incide también  en la  concentración, la atención y la  memoria, fundamentales para el proceso del aprendizaje (Campbell, 2001).

Así, la música, en las sesiones de Judo Mental tiene un apartado fundamental; nunca se debe comenzar las actividades sin disponer de alguna pieza de Mozart como ambiente de apoyo a la motivación y la relajación. Si el desarrollo del cerebro se produce al incorporar estructuras funcionales en sistemas cada vez más complejos, la música es un instrumento extraordinariamente eficaz para proporcionar estas estructuras (Campbell, 2001). Es importante resaltar que no toda la música de Mozart produce dichos efectos, sólo aquella de frecuencia alta  como la sonata para dos pianos en re mayor (KV 448) y los conciertos  para violín 3 y 4 (KV 216 y KV 218) son recomendables; diversos estudios han demostrado que los alumnos que escuchan durante diez minutos la Sonata para dos pianos en re mayor de Mozart, antes de realizar los tests de cociente de inteligencia tienden a obtener mejores puntajes en la parte espacial-temporal.

     


  jmaz@ubu.es               

 

Página actualizada el 2-1-2008 - © José Manuel Arnáiz Zamanillo - Webteam 2008