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El JUDO MENTAL

El Judo o Yudo (Las dos acepciones están recogidas en el diccionario de la lengua española), fue creado por el doctor Jigoro Kano a fines del siglo XIX sobre la base de los métodos de autodefensa orientales de los samuráis, combinando el estilo y las técnicas del Ju-Jitsu para crear la nueva disciplina (Barioli, 1988).

Para entender la filosofía de la práctica del Judo, basta con trasladar la acepción española a su significación japonesa. Así, JUDO, está compuesto de dos ideogramas: JU = flexibilidad  y DO = camino, “camino de la flexibilidad, de la suavidad” o “camino apacible”, donde la fuerza física no es el elemento fundamental. 

El maestro Kano aspiraba a obtener la perfección y a la mejora del género humano por el espíritu de mutua prosperidad desde el primer momento a través del Judo. Como pensador de su época, halló en el Judo un elemento educativo. De este modo, los principios y metas del Judo tradicional establecen, que los objetivos principales del Judo son el bienestar físico y el entrenamiento moral. Kano (2005:23), citado por Biron Ebell, 2008), afirma:

“…lo he dividido [el Judo] en tres partes: su uso como método de combate (arte marcial), como un método de entrenamiento (educación física), y como método de entrenamiento mental (incluyendo el desarrollo del intelecto y de la moral y la aplicación de Judo a la vida diaria)”.

Dadas las características propias del Judo, el objetivo a perseguir es la formación física, técnica, moral y táctica, siendo el fundamento del Judo dominar al contrario mediante la aplicación del mínimo esfuerzo propio, aprovechando al máximo el de él. Por ello, el Judo es un deporte que puede ser practicado desde edades tempranas aplicando lo anteriormente dicho, además de un proceso e disciplina hacia el lugar donde se práctica, profesorado y compañeros, rechazando ambientes de presunción, aceptando la dificultad y el sacrificio, bondad hacia el compañero o adversario (algo bien útil en otros ámbitos de la vida), la imparcialidad, cortesía, modestia, valor, paciencia, seguridad y rapidez.

El propósito último del bienestar físico y la educación física es hacer fuerte, útil y saludable al cuerpo, mientras se constituye el carácter a través de la disciplina mental y moral Kano et al, 1986, citado por por Biron Ebell, 2008).

El Judo es un deporte que, en contra de lo que generalmente se podría pesar, dado su carácter de lucha, no es violento. Sino más bien todo lo contrario, ya que desde el comienzo de su práctica, se busca la mayor eficacia con el mínimo esfuerzo. Ya Koizumi y Kawaishi, yudocas considerados los padres del Judo europeo, defendieron el carácter no violento del Judo, diferenciándolo así de las demás formas de lucha. Desde esta perspectiva, la enseñanza del Judo ha seguido una metodología tradicional, mediante conocimientos empíricos adquiridos a través de las vivencias de los maestros más experimentados (Mirallas, 1995). 

El sensei Protín, citado por Santos (2007), recuerda que las raíces religiosas,  filosóficas, éticas y sociales que están inmersas en el arte marcial Aikido, se encuentran en el Shintoismo, el Budismo, el Taoísmo, el Confuncionalismo, etc. El Judo, podemos decir que comparte las mismas raíces, esto es: del Shintoismo ha tomado el respeto a la naturaleza, a la familia, a los maestros de Budo, así como la práctica de ciertos rituales. Del Budismo ha aprendido que todo pasa, por lo cual es inútil aferrarse a lo material, el egoísmo no es buen compañero. Del Taoismo selecciona los conceptos de la armonía, la paz y la serenidad. Del Confuncionismo asimila los principios éticos y las normas de respeto y cortesía.         

El Judo Mental es una forma de entrenamiento, donde se deben considerar dos formas de adaptación a realizar: por un lado está la adaptación que el sensei hace del Nage-No-Kata (forma clásica y exacta de la técnica), pensando en el desarrollo del Judo como práctica física de una disciplina deportiva con fundamentos científicos, con una filosofía que nos permita modelar el físico, la mente, las emociones, el carácter y el temperamento del propio yudoca, más que pensando en la competición y, por otro, se encuentra la adaptación que realiza el yudoca del Nage-No-Kata en relación a su morfología y temperamento.

Para realizar la primera adaptación, en necesario que el sensei tenga una muy buena preparación en Judo, Educación Especial y Pedagogía. La segunda adaptación se consigue a través del entrenamiento constante del propio yudoca. 

Jigoro Kano, cuando creo el Judo quiso hacer de este método de lucha una escuela de vida, contemplando para llegar a este objetivo la formación física, técnica, anímica y espiritual del yudoca, a fin de que supiera comportarse dentro y fuera del tatami del mejor modo posible. En este sentido la educación emocional (emociones y sentimientos), corporal (el cuidado del cuerpo), técnica (uso racional de la fuerza), psicológica (actitudes) y moral (valores éticos) (Santos, 2003), es fundamental para lo que nosotros razonamos cómo se debe considerar la enseñanza del Judo Mental. Haku Michigari, citado por Jazarin (1968), también consideró el Judo como un camino educativo que podría convertir a las personas en individuos fuertes, sanos y pacíficos, útiles a sus semejantes, más sociables y humanos. 

Como todos sabemos la mente y el cuerpo están íntimamente relacionados; uno afecta a la otra. El Judo Mental ayuda a mejorar la salud física de quien lo practica, ofreciéndole una forma de librarse de sus pensamientos negativos, evitando el conflicto y el enfrentamiento con los demás. Una actitud mental positiva reduce el estrés y el malestar, mejorando la salud física.

Fuente documental: Tesis Doctoral de José Manuel Arnáiz Zamanillo

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Página actualizada el 2-1-2008 - © José Manuel Arnáiz Zamanillo - Webteam 2008